La procesionaria del pino: un peligro para tu perro

 

Llega la época de aumento de las temperaturas, se alargan los paseos por el parque y con ellos algunos peligros propios de la temporada para nuestras mascotas. Tu perro debe seguir teniendo sus paseos, simplemente debemos tomar algunas precauciones para evitar riesgos por contacto con la oruga "Procesionaria del Pino".

 

Durante los meses de marzo y abril es muy frecuente encontrar en el suelo de las zonas donde hay pinos o cedros largas hileras en movimiento: son orugas de la Procesionaria del Pino (Thaumetopoea pityocampa). Estas orugas, sensibles al frío y a la humedad, no suelen ser comunes en las zonas lluviosas o por encima de los 1500m de altitud.

 

La oruga procesionaria es fácilmente reconocible por su apariencia y conducta. Anatómicamente tiene cabeza y piel de color negro, costados de color gris, y cuenta en su dorso con unos pelos rojizos llamados tricomas, llenos de una sustancia muy urticante (histamina) que la protege de sus depredadores, quiénes con sólo tocarla u olfatearla pueden sufrir graves reacciones alérgicas.

 

El ciclo biológico de la oruga procesionaria comienza a finales de verano y dura todo el año. Durante el invierno las larvas suelen permanecer en el nido durante todo el día y salen por la noche a alimentarse de las hojas del pino en el que residen, excepto en las noches muy frías en las que también comen durante el día. Cuando termina el frío del invierno, disminuyen las lluvias y empiezan a subir las temperaturas, normalmente de febrero a abril, las orugas empiezan a descender del árbol en forma de procesión buscando un lugar adecuado donde enterrarse y empezar a tejer su capullo (crisálida) que eclosionará a finales de verano y del cual saldrá una mariposa. Estas mariposas, que tienen una vida de 1 o 2 días y que suelen volar al atardecer, ponen sus huevos en las hojas de los pinos o cedros. Los huevos que las mariposas han puesto en el pino se abren a los pocos días y de ellos nacen las larvas (orugas) que aprovechan para alimentarse de sus hojas hasta que son capaces de desplazarse a otra zona en la que construirán sus nidos, conocidos como bolsones. Los bolsones de oruga procesionaria construidos en las copas de los pinos son fácilmente reconocibles porque parecen grandes bolas de algodón.

 

Estas orugas primaverales no sólo son perjudiciales para nuestro perro, también lo pueden ser para nosotros y, además, son tratadas como una plaga común en los cultivos de pinares y jardines de la zona mediterránea (no suponen una plaga en bosques naturales).

 

Los perros jóvenes, debido a su curiosidad, sus ganas de jugar con todo y su facilidad por comer cualquier cosa que encuentran, suelen tener más riesgo a entrar en contacto con la oruga procesionaria que los perros adultos. El problema reside en que el cachorro se encuentre en el parque explorando sin supervisión y se acerque a la hilera de orugas (o elementos por donde han pasado, como plantas o suelo), las olfatee, las lama o se las coma.

 

En cuanto el perro lame la oruga aparece sialorrea y glositis, la lengua se inflama y se puede necrosar, debido a todo esto la mayoría de los perros presentan molestias al intentar abrirles la boca y se frotan su cara con las patas delanteras.  Si nuestro perro se come la oruga también es habitual que vomite y que en sus vómitos aparezcan restos de oruga. Según la importancia y severidad de las lesiones ocasionadas en las zonas afectadas se pueden llegar a provocar necrosis en los tejidos, teniendo así que llegar a amputarse partes de la lengua del perro por haber provocado lesiones irreversibles. También puede provocar otros daños oculares importantes, concretamente en la córnea y conjuntiva de nuestro perro. En ocasiones pueden quedar los pelos urticantes en las zonas por donde han pasado las orugas y, aun sin estar presentes, provocar los mismos síntomas. También pueden ser transportadas por el viento.

 

Lo más importante en este caso es tratar de evitar el contacto de nuestro perro con la oruga, eligiendo para pasear zonas que ellas no habiten. En el caso de no poder hacerlo, conviene estar alerta para que no se acerque ni para olisquearlas. Y si con todo esto no hemos podido evitar el contacto con la oruga, lo más adecuado será acudir de inmediato a la clínica veterinaria o al centro de urgencias, para poder realizar cuanto antes a nuestro perro un tratamiento de urgencia en función de la gravedad de las lesiones que presente.

 

 

 

 

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